viernes, 20 de abril de 2007

No tiene madre

“No tiene madre”…esa frase le repetí tres veces después de ver en la computadora el gol de Lionel Messi el pasado miércoles en la Copa del Rey. Un “no mames” salió poco después para completar el arreglo vocal de frases groseras que mostraban mi más puro asombro. En mis adentros la reflexión se centraba en la siguiente oración: el cabrón sólo tiene 19 años.

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Cuando llegué a la casa y revisé los resultados pamboleros de ese día (donde por cierto el América pasó a la siguiente fase de la Libertadores, venciendo al ‘poderosísimo’ Nacional de Ecuador al son de 2-1) mi interés fue creciendo conforme veía los encabezados: “Ya llegó el Messi-as”, “Messi a lo Maradona”, “Messi hizo recordar el mejor gol de todos los tiempos”.

No lo dudé, busqué ver ese gol, pero YouTube estaba fuera de servicio, así que me dirigí a los portales de los diarios españoles, leí los ensalzadores encabezados y mi curiosidad fue en aumento, abrí la sección multimedia de As.com y por fin lo vi, y lo volví a ver, y así otra vez, hasta que ya había echado siete u ocho vistas a la misma jugada. Los regates, el dribleo y la velocidad sólo es comparable con aquella jugada del más grande: EL GOL (porque ese es el gol de todos los tiempos) de Diego Armando Maradona.

Lionel Messi emuló al Diego, sacó de la chistera una jugada de magia pura. 11 segundos bastaron para que el futbol quedara anonadado y reivindicado después de tanto sistema tedioso y estrategias somnolientas. Para los que gustamos de este deporte (millones en el mundo) Messi nos recordó que en el futbol, como todo en la vida, los esquemas, moldes y sistemas se pueden romper. Dar un chispazo para encender la emoción.

Ese chavo argentino de 19 años tiene todavía mucho por demostrar, tal vez no llegue a ser un Diego, pero ahora, por estos días, cada vez que platique de ese gol, iniciaré diciendo una típica oración que denota respeto: Messi no tiene madre.

miércoles, 11 de abril de 2007

El gol que no grité

Fue en ese instante cuando cerré el puño y lo apreté fuertemente, aprisionando así una palabra que debió ser escupida en un clamoroso grito: ¡¡GOL!!

A mi alrededor, aunque el marcador fue un empate, la victoria ya estaba cantada. La cara de todos los que eufóricos habían injuriado al equipo americanista cambió de golpe y un breve silencio acompañado de lamentaciones fueron la prueba de que, al menos en esta ocasión, los Pumas no ganarían, así es, no le ganarían al América.

Un juego en el que no pude gritar ni mentar madres, pero al menos quedé conforme por el resultado, bajo el incomparable ambiente del Olímpico Universitario y ante el rival que más nos odia siempre es bueno no perder.

Y tuvo que ser Germán Villa, después de Cuau el jugador más emblemático del equipo, el que sacara la cara. No ganamos, pero siempre callar al Olímpico y a la “Rebel” es ganancia pura. Gracias Villa por hacerme cerrar el puño y contenerme las ganas de gritar tu gol, de lo contrario hubiera sido signo de una derrota más…

PD. Gracias Lili por llevarme de a gorra.

domingo, 8 de abril de 2007

¿A dónde galopamos?


Tarde o temprano se volverá abrir este cielo que hoy aparece nublado. Porque a lo lejos espera un horizonte nuevo, brillante, cargado de renovadas aspiraciones y deseos de seguir avanzando.

A dónde caminar cuando todo parece tan lejano, tan aburrido. ¿Será que uno ha agotado sus energías tan pronto? O será acaso que la sentencia de no saber cerrar ciclos mantiene esta mente inmadura en vagas inexplicaciones.

Quién sabe. En lo que redescubro la meta trazada por este infinito universo para mí, tal vez por hoy, un rato más, debo de conformarme con caminar sin un propósito fijo, como un autómata, así, paso a pasito...